Las Benévolas.

Pues, aunque sea difícil de creer, he acabado Las Benévolas, es más he compatibilizado su lectura con la novela Vida y Destino de Grossman, que representa el camino inverso, es decir el avance del Ejército Rojo hacia Berlín, después de que comenzara el declive de la aventura alemana en la, aún incipiente, Unión Soviética.
Primera conclusión, voy a estar un tiempo olvidándome de la “memoria histórica” porque es durísima la lectura de libros como los que describo. En todo caso imprescindibles para entender el Siglo pasado y conocer la brutalidad y vesanía con que unos humanos, con perdón, trataban a otros hace poco más de cincuenta años.
Con el basamento del odio étnico, creencia en superioridades de raza o cualquier patraña parecida, de un lado; y la explotación de la humillación que supuso el Tratado de Versalles, impuesto a Alemania por los aliados al final de la Gran Guerra. unos descerebrados empezaron una aventura de hegemonía nacional que se convirtió en una de las mayores tragedias de la historia de la humanidad.
El autor, Jonathan Littell, ha implementado un relato con la textura de un concierto barroco, el título se inspira en Esquilo, en concreto, en el coro Erinias, dedicadas a hostigar a los personajes de la Orestiada hacia el espanto y la venganza que, en ocasiones, mutaban y se convertían en las Euménides, seres protectores y benévolos.
La pesadilla en la que nos introduce el oficial SS Aue, cuya afiliación. a esta organización, se produce huyendo de los medios homosexuales berlineses, siendo hijo de alemán, prenazi, y alsaciana, que al final de la guerra logra salvarse, como tantos otros nacionalsocialistas, huyendo del Berlín a punto de ser tomado por las tropas rusas.
La narración está concebida para un personaje frio, meticuloso e aparentemente imparcial, que describe su tarea como si se tratara de contar bancos en un parque. “Él era un profesional, convencido de la bondad de las tesis del nuevo orden que aplicaba las instrucciones que seres como Eichman le encargaban”. Se ve la influencia de Arendt y su famosa tesis sobre ”la banalidad del mal” impregnar todo el relato.
Este personaje incestuoso, culto, homicida a sangre fría nos introduce en los Lager polacos, el reclutamiento de judios en Hungría, el espanto de Stalingrado, la liquidación de judios y comunistas en Ucrania de una forma estremecedora.
El autor asocia el final, con el recuerdo a Wagner e influido por Visconti, El hundimiento de Berlín con el recuerdo a la ópera ”El Ocaso de los Dioses” y el entorno de lujo, oropel y depravación en el que viven los jerarcas del “partido” es el punto final del relato.

4 comentarios a este artículo »
Enlaces: RSS de los comentarios ; URI para trackbacks
Escriba su comentario
Los saltos de línea y de párrafo son automáticos. La dirección de correo electrónico no será publicada. Etiquetas de HTML permitidas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <code> <em> <i> <strike> <strong>

Bien!!! En semana santa me los pillo (si me los dejas).
Supongo que es parecido a leer a Levi… un desasosiego continuo.
Veo que te has animado a escribir más últimamente. Me alegro.
Besos.
Comentario por tu hijo, 6/3/2008 (23:00)
yo también he lefido ambos libros, adenmás de Un escritor en guerra de Vasili Grossman, a mi éste autor me parece mucho mejor yq que vivió los hechos en directo, y refleja más realmente los acontecimientos.
Comentario por rosa ruiz, 28/3/2008 (18:31)
Difícil por larga la lectura de “Las benévolas”. Leyendo tu comentario recordé a un Ramón Espinar presentando un libro mío, hace tiempo allá lejos, en la Asamblea de Madrid.
Ambos hemos crecido, yo un poquito más (soy más anciana) en el regusto por la lectura.
Un abrazo
Comentario por Adriana Serlik, 22/4/2008 (09:18)
Es todo lo que queda, una vez descendidos de la Montaña Mágica. Este cocimiento en la enfermedad, científicamente estructurada, claro está, la enfermedad, peligrosamente transmitida a nuestras manos limpias, o no, de plácidos lectores.
Comentario por Miguel P, 3/5/2008 (13:57)