Lanzarote, lo matérico y lo material.
Aunque suene a topicazo, les diré que las Canarias es un archipiélago donde si me pierdo, algún día, me pueden encontrar. Hace unos días estuve en Lanzarote. La isla sentida y mimada por Manrique, en donde se puede apreciar todavía su impronta. Sin embargo hay algunas manifestaciones urbanísticas realmente inquietantes, a las que me referiré.
Por lo que he podido ver, existen zonas en las islas y el litoral, donde se ha tirado la toalla en la ordenación del territorio,en esos espacios, al final, se va a poner todo lo que quepa.
Un ejemplo de lo que digo es la parte sur de la Isla de Lanzarote, conocida como Playa Blanca. Pero lo que más me inquietó, fue acceder a las playas de Papagayo, hasta ahora alejadas de este centro urbano, pero donde un carretera de ripio permite el acceso en coche, eso sí cobrando el Ayuntamiento una tasa, de dudosa legalidad, a todo el que por allí se adentre.
Tres euros, por coche, que se embolsa el ayuntamiento por permitir el uso y disfrute del dominio público marítimo. Pero puede haber algo peor que tratar de llenar las arcas municipales a costa del turista, A saber, se empieza por una carretera de ripio y se acaba urbanizando y edificando un paraje al que el sentido común más elemental nos dice que debemos cuidar y proteger.
Hacer compatible crecimiento y desarrollo y no saciar las ansias de ganar dinero, a costa, del medio ambiente y del turismo, parece todavía una asignatura pendiente.
Como contraste, si van al Parque Nacional de Timanfaya, no hagan el recorrido en autobús para conocerlo, les sugiero que vayan al Centro de Visitantes y concierten una visita a pie, guiada por un profesional, con la que tendrán una visión relajante y completa de lo que supone este espacio. Lo más sorprendente es que esta actividad es gratuita.
Por último en la Fundación Manrique, hay un exposición sobre la obra de Siah Aramajani, sobre el sufrimiento de la poblacíón civil en la ciudad iraquí de Falulla, que trata de dialogar con el Guernica de Picasso, concebido en circunstancias bélicas análogas.
Esta (de)construcción, metáfora del bárbaro ataque a la ciudad iraquí, se simboliza en objetos de la vida cotidiana, convirtiendo el arte público en un grito de protesta y de coraje moral, alejado de todo silencio cómplice.
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