En el centenario de Hannah Arendt
“El miedo cubre la vida intelectual como una nube tóxica”, esto escribía Arendt, cuyo centenario se celebra en estos días, a su segundo maestro, el filósofo Karl Jaspers.
En cierta forma el siglo XX, fue el siglo de los totalitarismos, no porque estos fueran nuevos en la historia de la humanidad, sino porque cortan de raiz con la elaboración política y social del estado democrático que surge de las revoluciones francesa y americana.
A entender y conocer los modos totalitarios, talante diríamos hoy, dedicó una buena parte de su pensamiento que al respecto se manifestó en sus libros “los orígenes del totalitarismo” y “La condición Humana”. En el primer libro citado, podemos leer “El totalitarismo busca no la dominación despótica de los hombres, sino un sistema en el que éstos sean superfluos”.
Judia y alemana, su madre, amiga de Rosa Luxemburgo, nunca dejó que se amedrentara ante el antisemitismo, consiguiendo así que creciera sin complejos raciales.
Cursó filosofía con Heidegger, de quien quedó fascinada y con quien mantuvo una intensa relación afectiva. El profesor la visitaba en secreto, pues era hombre casado y con dos hijos, y pronto entendíó el peligro que para él suponía estar casado con una judia, se acababa de afiliar al partido nazi y era decano de la Universidad de Friburgo. En el fondo aquel pensaba que los nuevos amos devolverían el orgullo perdido al pueblo alemán y a la filosofía.
Arendt después estudió con Husserl y Jaspers, con este último, menos centrado en honduras metafísicas y más en la realidad, se doctoró. La llegada de los nazis no la cogió de improviso, “nuestros enemigos sabíamos de sobra quienes eran, lo que nos sorprendió fue la reacción de nuestros amigos” escribió.
Se exilió a París y en esta ciudad ayudó a refugiados como Walter Benjamin, quien antes de su suicidio le hizo entrega de algunos manuscritos. desde aquí y con los nazis instalados en Francia, viajó a Nueva York acompañada del segundo gran amor de su vida, Heinrich Blücher.
El entorno político de posguerra la convirtió en una pensadora social y cambió la metafísica por la comprensión del mundo de aquí. Horrorizada por que unos seres humanos puedan eliminar a otros como ganado y que estos se dejen exterminar, fue su gran tema de reflexión.
Fue corresponsal para The New Yorker en el proceso a Adolf Eichmann y en su libro “Eichmann en Jerusalen” trabajó en el concepto de “banalidad del mal”, un mal sin maldad, irreflexivo, funcionarial. Los crímenes son horrendos, lo criminales banales, tipos incapaces de pensar, ya que “pensar” implica tener imaginación para ponerse en el lugar del “otro”.
Cuando Gershon Scholem le acusó de ser poco filojudía, le escribió:”Jamás en mi vida he amado a ningún pueblo o colectivo, ni al alemán, ni al francés, ni al norteamericano, tampoco a la clase trabajadora o cualquier otra. De hecho, yo solo quiero a mis amigos, y soy incapaz de cualquier otro amor”.
Su pasión por la libertad y su capacidad premonitoria la convierten en un personaje imprescindible para entender el siglo pasado.
Murió en diciembre de 1975, antes lo habían hecho Jaspers y su marido,
2 comentarios a este artículo »
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creo que en España, Moratinos está recogiendo el mismo legado de incomprensión y está siendo injustamente acusado de antisemitismo. cuando hay evidencias que prueban lo contrario:
http://www.dalealplay.com/informaciondecontenido.php?con=11612
Comentario por emerson osvaldo velasquez, 18/10/2006 (01:12)
Para quienes dominan el germano:Gespraech mit Gaus.saludos
Comentario por Naxos, 26/10/2006 (00:53)