El hambre aumenta en el mundo.

Lo acaba de hacer público la FAO, Hafez Ghanem, director general adjunto de este organismo, ha dicho que hay setenta y cinco millones de nuevas personas que padecen desnutrición, con lo que la cifra global mundial supone novecientos veintitres millones de humanos que pasan hambre.
En la última década, mientras el mundo se hacía cada vez más rico y se producían más alimentos que nunca el hambre aumenta y se pone en cuestión uno de los objetivos clave de desarrollo del milenio, en virtud del cual la población en este estado se reduciría, en el año 2015, a la mitad.
La cifra adicional de personas desnutridas tiene la siguiente composición regional: cuarenta y un millones en Asia-Pacífico, seis Latinoamérica-Caribe, cuatro Oriente Medio-Norte de Africa y veinticuatro el Africa Subsahariana.
En el año 2006, Jacques Diouf, Director General de la FAO, advertía sobre esta tendencia y daba como grave y preocupante el incremento de cuatro millones de personas al año. La próxima Conferencia Mundial sobre la Alimentación, es muy posible, que constate que el número de desnutridos ha aumentado desde que se fijó el objetivo de reducirlos a la mitad.
Las actuaciones a seguir, estaban y siguen estando claras:
-Dirigir programas e inversiones a las zonas de desnutrición y pobreza.
-Mejorar la productividad de la pequeña agricultura.
-Crear condiciones adecuadas para la inversión privada en estas zonas, entre las que deben estar la transparencia y buena gestión.
-Crear redes de protección para los colectivos vulnerables, haciendo que el comercio mundial les beneficie.
-Mejorar la gestión e incrementar las ayudas al desarrollo.
Hasta aquí el recetario poco novedoso y comunmente aceptado, el reto es si el mundo globalizado economicamente, es capaz de poner estos objetivos entre sus prioridades.
La cuestión sigue siendo, si se quiere llegar a la Cumbre, al menos, invirtiendo la tendencia de crecimiento de esta lacra en ver como la globalízación política avanza y es posible conciliar la economia de mercado con medidas que hagan posible reducir el hambre.

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La otra receta es bastante fácil y se basa en dos medidas: bajar los precios a los aranceles para productos alimentarios desde los países ricos a los pobres y reducir drásticamente las subvenciones a agricultores, pescadores y ganaderos, por ejemplo las de la UE.
Con eso, garantizaríamos que esta gente pueda competir en el mercado y salir de la lamentable situación en que se encuentran.
Eso sí, las medidas son muy impopulares.
Comentario por tu hijo, 21/9/2008 (23:32)
Yo, ya sabes, llevo años dedicándome profesionalmente a esto de la biotecnología. Soy uno de los convencidos que promover la investigación acerca de esta materia para la mejora de la productividad de las explotaciones agrícolas y para complementar cultivos tradicionales con complementos alimentarios de los que se carecen en los paises que sufren el hecho de las diferencias entre el hemisferio norte y sur.
El flamante Ministerio de Ciencia e Innovación podría dedicarse a estas cosas en vez de intentar lo mismo que los paises que nos llevan varios cuerpos de ventaja en pos de la celebridad científica.
En fin, lo de siempre.
Cesar
Comentario por cesar ullastres, 23/9/2008 (15:53)