El final de la dictadura.
Con este título, un veterano de la izquierda, Nicolás Sartorius y un académico Alberto Sabio, profesor de Historia en la universidad de Zaragoza, que en aquella época contaba nueve años nos narran en un libro conjunto, el tiempo que va desde la muerte de Franco a la celebración de las primeras elecciones democráticas, después de la Segunda República Española.
Sartorius ha tratado de extraer de la historia del periodo, según ha comentado durante las presentaciones del libro, la idea en virtud del la cual Franco murió en la cama pero la democracia se ganó en la calle, fundamentalmente debido a la presión de las clases populares, en expresión del momento.
La primera cuestión es innegable, el dictador murió en la cama y con la pretensión de haberlo dejado todo atado y bien atado. Asímismo el regimen siguió funcionando, sacando fuerzas de flaqueza y en ocasiones con coletazos rudos y sin sentido.
En estos momentos en los que existe la pretensión, en determinados círculos, de reeescribir la historia, no viene de más recordar que la llegada de la Democracia, es decir, la celebración de elecciones generales en 1977, tras más de cuarenta años de ausencia de libertades, no fue algo blando y suave casi vinculado al aumento del nivel de renta y que devino así de forma casi natural sin que nadie empujase.
Bien al contrario, aunque las instituciones del Estado franquista estaban muy deterioradas ante la sociedad y la venida de la democracia se daba por segura, el aparato del estado funcionó en ocasiones con más dureza en la represión de los demócratas que en vida del dictador. Así por ejemplo, si se compara el número de causas abiertas por el Tribunal de Orden Público en este periodo con la actividad de los años precedentes vemos que el número es en términos absolutos superior.
Es cierto que desde dentro del régimen hubo personas que pensaban que la transición a la democracia era inevitable y trataron de modular este proceso poniendo puertas al campo. La ley de la Reforma Política fue aprobada por las Cortes, con el dato anecdótico de la ausencia de diecisiite procuradores sindicales, que estaba casualmente haciendo un crucero por el Caribe.
La legalización de partidos políticos y sindicatos, el reconocimiento de las libertades políticas, la amnistía y la celebración de elecciones libres a Cortes Constituyentes, sucedieron en el año 1977 no a finales del 75.
En este proceso que llevó implícito el derrumbe del gobierno de Arias Navarro, haciendo visible la imposibilidad de un franquismo sin Franco, desempeñaron un papel decisivo los movimientos democráticos, fundamentalmente los sindicatos y los estudiantes.
Además, el libro tiene el interés de aportar documentación valiosa sobre como nos veían nuestros amigos occidentales: americanos, ingleses y alemanes. Hacía poco muy poco tiempo en Portugal el regimen salazarista había saltado por los aires y la revolución de los claveles había dado lugar, no sólo a la liquidación de los restos de las colonias sino a un Parlamento que introdujo en la Constitución una referencia constituyente al socialismo.
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Hacía falta un libro así, dadas las salidas de tono del consabido Pío Moa.
Comentario por Diego Cruz, 19/7/2007 (23:23)