Una alianza entre el Estado y el mercado.

A esto, se refería el otro día el premio nobel Amartya Sen, en las páginas sepia del Pais, antes de su meritada investidura como doctor honoris causa de la Universidad Complutense.
Es muy ilustrativo, en esta vorágine mediática, en que las respuestas a los problemas hay que darlas en tiempo real, aunque sólo sea para seguir contribuyendo al fesival de titulares mediáticos, ver como hay reflexiones de medio plazo que señalen el camino de por donde deberíamos ir. A esto, desde su particular punto de vista contribuye Sen, en su doble faceta de economista y filósofo.
Aunque como él reconoce, “no podemos depender exclusivamente de la economia de mercado, el Estado también tiene un papel que desempeñar. El origen de esta crisis está en el desmantelamiento de la regulación en EEUU bajo la presidencia de Bush y, hasta cierto punto, de las presidencias de Clinton y de Reagan”.
Sin negar que el mercado puede ser un instrumento de progreso economico, hay que insistir en su regulación, en la búsqueda de dinero rápido hay gente dispuesta a asumir enormes riesgos que después se trasladan al conjunto de las sociedades.
La brecha entre riqueza y pobreza, si disminuyen los recursos que los gobiernos destinan a sanidad y educación, sobre todo en los paises emergentes, China, India y Brasil, singularmente, corre riesgo de seguir agrandándose.
De estas ideas surge una en la que apenas se profundiza, la idea de someter a la actividad económica a reglas y controles de ámbito supranacional. Situando a los poderes públicos como limitadores de la actividad del mercado.
Al día de hoy, el mercado dejado a sus libres fuerzas, ha estado a punto de tirar por la ventana el agua sucia con el niño dentro.
