Jósé Tomás, la pasión callada del toreo.
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La edad de oro del toreo, se atribuye a la época en que el liderazgo taurino, lo ocupaban José Gómez Ortega, llamado Gallito y más tarde Joselito en compañía de Juan Belmonte.
La proximidad de los intelectuales y artistas a los toros viene de antiguo, no sería posible concebir la historia de la pintura española sin esta fiesta y tanto Lorca como Alberti dedicaron dos de las más bellas elegías en lengua castellana a Ignacio Sánchez Mejías al que mató un toro en la localidad manchega de Manzanares.
Se atribuye a Valle-Inclán el que comentó a Belmonte lo siguiente: “Juan, para que entres en la mitología sólo hace falta que te mate un toro” a lo que el torero respondió: “Se hará lo que se pueda”. Lo cierto, es que a quien mató el toro fue a Joselito en Talavera y El Pasmo de Triana se descerrajó un tiro con su Parabellum, a los setenta años en du cortijo que acabó con su vida.
Esto viene a cuento de las cuatro faenas que he visto al torero, José Tomas, en las Ventas, en torno a la feria de San Isidro, es, simplemente, asombrosa la mezcla de valor y arte que hay en él.
Estamos acostumbrados a catalogar a los toreros, basicamente, en dos categorias; los de valor, buenos profesionales, que saben ejecutar su oficio con sobriedad y precisión y aquellos, en ocasiones algo medrosos, que tienen lo que en el argot se denomina “pellizco”.
Lo de Tomás es nuevo, cuando torea enseña a embestir a los toros, le da igual que sea manso, que recorte en las embestidas, que vaya mejor por un pitón que por otro.Él se echa la muleta, siempre planchadita, con singular soltura y desparpajo a la derecha o a la izquierda, torea con hondura y siempre en el “cacho”. Los pies pegados al suelo, ¿tendrá en las zapatillas algún tipo de pegamento, Araldit, por ejemplo? Pues no, es simplemente torería y manifestación de superioridad ante el toro.
Recibe con la capa, ejecutando, sobre todo bellas verónicas, está en los quites y después la faena de muleta, como se ha dicho arriba, es una muestra de saber y pundonor.
He oido que mucha gente dice que es un inconsciente, nada más lejos de la realidad, es consciente de lo que debe hacer, aunque cómo ayer, deje a toda la plaza con el corazón encogido.
Al final, la plaza ruge, la gente no sabe qué hacer con los pañuelos, todos corean “torero, torero……………….” pero la anecdota más impactante, desde mi punto de vista, la oi a un aficionado cercano a mi abono, cuando perdiendo las manos el toro, se quedó anclado en las patas yl a cabeza sobre la arena, mi compañero de tendido dijo: “Hasta los toros se arrodillan ante Dios”.
