la revolución azafrán II
Parece que el regimen birmano ha decidido que pinte en bastos. Esa satrapía corrupta y despiadada en que han convertido a la antigua Birmania unos cuantos generales, sedicentemente comunistas, volcados en el mantenimiento de sus prebendas, está masacrando a miles de ciudadanos que creen en la democracia como forma de superar sus enfrentamientos.
Pero más allá del dolor y la represión, se ha puesto sobre el tapete una renovada política de no agresión, en virtud de la cual, las potencias tradicionales o las emergentes pueden hacer mangas y capirotes con su hacienda trasera.
Como se ve la mala moneda, casi siempre, acaba echando a la buena. Prescindiendo de circunloquios, quiero decir que si China tomase partido aceptando la validez de los resultados electorales de hace unos años coadyuvando a que Sun Suu Kuy y la Liga Nacional por la Democracia conformara una opción de gobierno legítima, otro gallo cantaría en esa parte del mundo.
En cambio, hasta ahora, en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo único que han hecho lo chinos es vetar cualquier resolución que incorporara sanciones y transigir con que un enviado especial visite el pais.
Está en juego la credibilidad de Naciones Unidas, algunos pensábamos que la famosa doctrina “América para los americanos” de Monroe estaba agotada. En el Sudeste asiático se ha puesto de manifiesto que no es así.
