Agosto en Madrid.
Sin citar por completo el aforismo, les diré que Madrid en agosto Baden-Baden. Sobre todo en lo que a la actividad cultural se refiere, la programación de los veranos de la Villa ha sido estupenda, sobretodo en la muestra de flamenco y el ya clásico concierto dirigido por Barenboim con la orquesta WEst Eastern Divan.
En los jardines de Sabatini hemos podido escuchar lo mejor del elenco flamenco, los Josés Mercé y Meneses, Carmen Linares, Pata Negra, entre otros y de otro lado algo más que un concierto, un gesto auténtico por la paz en Oriente Medio con esa orquesta de jóvenes judios y palestinos que, todos los años en Agosto, toca en la Plaza Mayor.
Se celebran, aún, dos exposiciones en el Prado y el Thyssen, con la obra de Patinir y los últimos paisajes hechos por Van Gogh, en los últimos meses de su vida, tras salir del manicomio de Saint-Remy, donde había estado internado un año.
En el Prado podemos ver la mayor parte de las obras del enigmático Patinir, pintor flamenco contemporáneo del Bosco, a quien se le considera como el gran precursor de la pintura del paisaje. Se exponen 22 de los 29 cuadros atribuidos a él, junto con 27 obras más de precursores y seguidores, como Durero, Van der Weiden o Jan Van Amstel.
El interés del Renacimiento por el entorno, hizo que un contemporáneo de Patinir, el médico Paracelsus, aconsejara a sus colegas quemar sus textos y leer en “el libro de la naturaleza”.
Aunque habitualmente está o estaba expuesto en el Prado, en la sala donde se pueden ver, “el jardín de las delicias”,” el carro de heno”,” el triunfo de la muerte” y “la piedra de la locura”, por citar algunas obras menores de los pintores flamencos de esa colección, está el gran cuadro de Caronte en la laguna de Estigia, simplemente sobrecogedor, por su calidad y por su contenido.
En diálogo con esta exposición y a pocos metros los últimos paisajes de Van Gogh, como ven el gran introductor y uno de los genios más grandes de la pintura, a escasos metros ofreciendo sus forma de entender esta modalidad de la pintura.
En Auvers-sur-Oise pasó sus últimos meses y nos dejó en ese tiempo alrededor de setenta nuevos cuadros, después un tiro en el pecho que se propinó con una escopeta acabó con su vida. Dejó inacabado el cuadro “trigal con cuervos”.
