Un enemigo del pueblo.
Lo cierto, es que da gusto asistir a las representaciones y montajes del Centro Dramático Nacional, un gran elenco de actores y los medios precisos sin caer en el dispendio. La nueva sede, construida sobre la vieja Sala Olimpia, se asienta en Lavapiés, barrio multiétnico y con algunos problemas de integración, para los que éste espacio servirá positivamente.
En estos días se representa una obra clásica “Un enemigo del pueblo” escrita por Henrik Ibsen y la adaptación Juan Mayorga. Tiene esta obra un trasfondo antiguo, la polémica entre democracia y sofocracia, al respecto, nuestro autor refleja su convicción según la cual los sabios tienen más razón que el común de los mortales, siendo este, por lo general, manipulable y sin suficiente conocimiento para opinar sobre las sesudas cuestiones que afectan a la colectividad.
Aunque Ibsen trató de matizar después su opinión, en un encuentro celebrado en un ateneo obrero, refiriendo que sus afirmaciones elitistas venían dadas no por la cuna o el dinero, sino por la formación del carácter, el esfuerzo, la voluntad y el libre pensamiento.Al día de hoy, es un lugar comùn, el que la contradicción entre los valores de carácter personal y la visión de ”todos” sobre temas colectivos se resuelve siempre mejor y de forma más estable atendiendo al criterio de la mayoria y marginando el de la vanguardias.
La actitud que asume el protagonista, Stockmann, que ocasiona, incluso, la ruina a su propia familia, no es sólo, en el contexto arriba descrito, un tópico burgués, también pone de manifiesto la barrera entre el idealismo y la obcecación.
Aunque es claro tambíén el mensaje de que una sociedad que basa su prosperidad en la mentira está enferma.
En todo caso se pasan dos horas estupendas, viendo buen teatro y repasando a los clàsicos, aunque en este caso las moralejas no nos soprendan.
