Alban Berg, entre el chapapote y la arquitectura high-tech
Estos días, se representa en el Teatro Real de Madrid, la ópera Wozzek, con música y libreto de Alban Berg, basada en la obra de teatro Woyzeck de Georg Buchner.
Esta ópera, difícil de escuchar, para los que no somos muy “entendidos” en música, si se ve representada es más agradable y asequible que sólo oyéndola. En esta ocasión el montaje llevado a cabo por Calixto Bieito, ha tenido su parte polémica, mi opinión es que es un montaje valiente, que en su estructura recuerda la parte exterior del Beaubourg y donde parece que el autor ha querido recrear el triste episodio del petrolero Prestige que asoló las costas gallegas con su naufragio.
Si se repasa la obra teatral que inspira la ópera, se ve, que está basada en la historia de un soldado, esquizofrénico y que padecía alucinaciones. Que fue ajusticiado en Leipzig por haber acuchillado a su mujer. Buchner era un médico naturista de tendencia radical anarcocomunista. La orientación es claramente antimilitarista, tendencia asumida por nuestro compositor despues de su experiencia como soldado en la primera guerra mundial.
El ejercicio de abstracción hecho por Bieito tiene poco que ver con la esencia del libreto. éste señalaba hace unos meses que su interpretación sería “un poco futurista”.El soldado Wozzeck, sería un símbolo del devenir, que anuncia una escalada de destrucción y muerte a lo largo del siglo XX, en opinión de Liberman.
Se enmarca así en testimonios pictóricos como los de Munch, Kirchner, Schiele o Kokoschka o literarios como el de Karl Kraus.
Esta ópera atonal, estrenada en Berlín, bajo la dirección de Erich Kleiber, luego fue prohibida por el regimen nazi y catalogada como música degenerada. Pierre Boulez, ha escrito que esta ópera fija un hito capital, constituyendo un aporte de primera importancia en el campo al que pertenece.
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