Orhan Pamuk, Premio Nobel de literatura
Hace unos meses compré y leí la novela que lleva por título “Nieve”, me interesaba conocer a un autor que sin renunciar a la cultura ancestral del pueblo turco tuviera a la vez el compromiso social basado en el respeto a la diferencia, comprometido con los derechos humanos y amante del progreso.
El relato no me defraudó, centrada en Kars, una ciudad en la frontera este de Turquía, entre las actuales Georgia y Armenia, es el escenario de un relato que habla del exilio, el fundamentalismo islámico y la nostalgia por el pasado imperial. Con un conflicto de fondo entre la autoridades civiles y los integristas por la imposibilidad de esclarecer una cadena de suicidios. El narrador se llama Orhan y relata sucesos acaecidos unos años antes.
La Academia Sueca destacó, en el fallo por el que se concede a Pamuk el Nobel de literatura, el compromiso de Pamuk con la libertad de expresión y la verdad histórica. En la búsqueda del alma melancólica de la ciudad en que nació, el escritor ha encontrado “nuevas imágenes para expresar las controversias y confluencias de culturas diferentes”.
Su opinión sobre la sociedad turca, la sintetiza así :”no es el dilema entre laicismo e islamismo lo que hoy divide a los turcos, nuestra principal fractura interior es la muy injusta distribución de la riqueza. Consiguiendo un nivel de vida digno y un Estado democrático y respetable, los musulmanes turcos serán europeos entusiastas y gente feliz y pacífica como los católicos españoles o los protestantes holandeses”.
Este premio supone, como ha dicho Herman Tertsch, reconocer a un gigante de la literatura y alentar una visión valiente, generosa, compasiva y firme del mundo.
El recorrido sentimental por “Estambul, ciudad y recuerdos” narrado por el escritor maduro que es y el niño que fue, es un tierna metáfora de abrazo a Bizancio y Estambul, un escrito en la encrucijada elaborado por un hombre que se define como explorador entre dos mundos.
Nuestro autor estuvo acusado de haber atentado contra la identidad de su pais por afirmar que en Turquía, habían muerto asesinados en la primera guerra mundial, un millón de armenios, como consecuencia de los enfrentamientos habidos y treinta mil kurdos en las últimas décadas del pasado siglo . “En tiempos en que las cosas son escurridizas la libertad de expresión se convierte en algo muy importante: la necesitamos para entendernos a nosotros mismos”.
Su encuentro con los tribunales y con los sempiternos guardianes de la ortodoxia kemalista, es decir, los militares, acabó con el desistimiento de éstos y el sobreseimiento de la causa, gracias a la gran presión internacional. La novelista Elif Sakak se ha beneficiado después de la brecha abierta por nuestro autor.
Salman Rushdie, que tuvo la solidaridad de Pamuk, cuando condenó la fatwa contra él, ha escrito:” Una Europa carente de principios, que le da la espalda a sus grandes artistas y a los luchadores por la libertad, continuará defraudando a sus ciudadanos. Por tanto no sólo Oriente, también Occidente está siendo puesto a prueba,en ambas orillas del Bósforo, el caso Pamuk es muy importante”.
Ojalá que con literatos así el choque de culturas pase al museo de la historia.
