Muhammad Yunus, premio nobel de la paz.
“No podrá alcanzarse una paz duradera hasta que una gran parte de la población mundial encuentre la manera de salir de la pobreza. Los microcréditos constituyen una de las formas de conseguirlo. El desarrollo desde abajo sirve además para que la democracia y los derechos humanos ganen posiciones”. Esta es la razón esencial por la que el jurado que concede el Premio Nobel de la Paz, lo hiciera a favor del Dr. Yunus en la edición de este año, se trata de una mirada hacia el tercer mundo, galardonando a una persona y a una institución que actua en el mercado como una entidad financiera.
Una idea que parecía imposible hace tres décadas, se ha materializado por el Banco Grameen. Esta institución fue creada por Yunus en su pais natal, Bangladesh y gracias a su labor seis millones seiscientas mil personas, casi todas ellas mujeres, han podido acceder al crédito y financiar un modo de vida digno y esperanzador.
Esta técnica, la del microcrédito, se ha extendido ya a más de 130 paises y más de cien millones de personas han sido usuarios de ella. Yunus es el primer banquero que alcanza este galardón, por haber sido su institución, la primera en conceder préstamos basados fundamentalmente en el respeto y la confianza.
A lo largo de estos 30 años, desde que se fundó el banco, se ha consolidado como una empresa de veinte mil empleados, la morosidad es inferior al 1,5 por ciento y lo más curioso para el modelo financiero occidental es que salvo en tres ejercicios ha dado siempre beneficios, todos ellos destinados a fortalecer las reservas de la entidad.
Su corporación empresarial tiene dieciocho empresas, una de ellas la operadora más importante del sur de Asia.
Desde hace bastante tiempo ha roto la paridad de sexos en la concesión de préstamos a favor de las mujeres, hoy sólo un tres por ciento de hombres se benefician de los préstamos concedidos por Grameen. La razón para que esto sea así obedece, según Yunus a que las mujeres son más responsables, hacen mejor uso de los recursos, y más fiables a la hora de devolver el dinero.
Esta forma de concebir la actividad financiera tiene además el interés de llevarse a cabo en un país musulmán, en el que hay un gran grado de dependencia de la mujer respecto al marido.
Yunus critica a los bancos convencionales por ejercer un apartheid financiero, a su juicio escandaloso y tiene en gran estima la creatividad de los pobres.
“La pobreza no la crean los pobres, no podemos aferrarnos a la idea convencional de que son perezosos y que les falta empuje”. Entiende que la pobreza la crea el sistema que hemos construido, los pobres tienen tanto energía y creatividad como cualquier ser humano.
Su merecido premio, debe de servirnos para tomarnos más en serio la importancia que en la lucha contra la pobreza y el subdesarrollo tiene el hecho de enseñar a pescar antes que vender o, en el mejor de los casos, regalar peces.
Cursó filosofía con Heidegger, de quien quedó fascinada y con quien mantuvo una intensa relación afectiva. El profesor la visitaba en secreto, pues era hombre casado y con dos hijos, y pronto entendíó el peligro que para él suponía estar casado con una judia, se acababa de afiliar al partido nazi y era decano de la Universidad de Friburgo. En el fondo aquel pensaba que los nuevos amos devolverían el orgullo perdido al pueblo alemán y a la filosofía.
El entorno político de posguerra la convirtió en una pensadora social y cambió la metafísica por la comprensión del mundo de aquí. Horrorizada por que unos seres humanos puedan eliminar a otros como ganado y que estos se dejen exterminar, fue su gran tema de reflexión.