La baronesa rampante
Doña Carmen Cervera Fernández, Baronesa Thyssen, está dispuesta “a subirse a un árbol con una tarterita “, el motivo es la propuesta de remodelación del Paseo del Prado que pretende llevar a cabo el equipo del Alcalde Ruiz-Gallardón. El sábado seis de mayo, subida a una tribuna y micrófono en mano anunció con tono vehemente: “La lucha no ha hecho más que empezar”. Naturalmente esta afirmación si la hubiera hecho un sindicalista o un político al uso hubiera pasado desapercibida, pero hecha por Doña Carmen hizo las delicias de todo tipo de prensa congregada ante el evento.
Siento gratitud hacia esta señora, ya que considero que tuvo bastante que ver en el hecho de que España, y singularmente Madrid, disponga de esa magnífica colección de pintura que se puede ver en el Palacio de Vistahermosa. para solaz y enriquecimiento cultural de madrileños y visitantes.
Hacia 1952, el escritor italiano, nacido en La Habana, Italo Calvino, estudiante de agronomía en la facultad de Turín y enamorado de la botánica; escribía su trilogía que tituló como “I Nostri Antenati”, donde se contiene un excepcional relato que lleva por título el Barón Rampante, es desde mi punto de vista uno de las mejores visiones sobre la caida del “Viejo Regimen” y la decepción que posteriormente se produce como consecuencia de la derrota de Napoleón.
Pero yendo a lo que nos interesa, la trama del relato se centra en que Cósimo Piovasco, Barón di Rondó, decide subir a un acebo y no volver pisar la tierra en lo que le queda de vida por una imposición paterna sobre un plato de comida.
El Barón de Rondó, hizo de Ombrosa, localidad donde tenía el domicilio su familia, su entorno vital y, desde los árboles, vió pasar los años de la revolución francesa, la subida de Napoleón, su derrota y no pudo ver la nueva alianza entre el trono y el altar, que se fraguó en Viena, unos años después; ya que abandonó este mundo asiéndose a un globo que estando ya en edad tardía apareció por sus dominios y así desapareció.
Volviendo a Madrid, y acotando el asunto a la polémica suscitada por la remodelación de uno de los paseos más agradables que se pueden dar en el mundo, a saber, el que va desde el comienzo del Paseo del Prado hasta Colón, con el inconveniente de que hay que sortear de forma incómoda, naturalmente para el paseante, la Plaza de Cibeles. Nos hemos visto metidos en este debate de hoz y de coz, sin ningúna información previa, sin explicar porqué se pretende cambiar el diseño de estas vías, cual es su utilidad, cual es el coste para el contribuyente, sobre un espacio, insisto, que en este momento está muy bien conservado tanto en la jardinería, como en el pavimento.
Mi opinión es que si hay que hacer algo en esta zona, cosa que dudo, sería mejorar su accesibilidad para los peatones. Sin embargo, en vez de optar por que ese gran bulevar se extienda hacia Embajadores y el Paseo de las Delicias, apostando decididamente por un gran eje cultural que integrara el Prado, la colección Thyssen, el Reina Sofía, el Jardín Botánico, la Casa Encendida, y Caixa-Forum,como si de una Ombrosa cultural se tratara, haciendo este espacio transitable y agradable para los que nos gusta ir a pie. Una vez más parece que la prioridad es la ordenación del tráfico rodado.
No me caracterizo por ser un dogmático ni un intrasigente, uso, aunque moderadamente, el coche en la ciudad, pero creo que es de sentido común pensar que si hay que optar entre ponerselo fácil a los viandantes o a los automovilistas, los primeros deben tener la prioridad. Cinco carriles delante del Thyssen, que se prolongaran hasta Atocha, dejando en ese mismo lado al Reina Sofía, Casa Encendida y Caixa-forum y al otro el museo del Prado con su ampliación y el Jardín Botánico, no me parece una decisión sensata.
Creo que el asunto hay que volverlo a plantear, dejando los árboles como están e integrando los espacios culturales citados para que sean asequibles en transporte público o caminando. Me parece que en la protesta de muchos madrileños ante esta iniciativa, todavía late el recuerdo de unos magníficos bulevares, los que tenía Madrid en los años 60, destruidos por mor de un desarrollismo sin sentido.
Si consiguiéramos que este conjunto de instituciones culturales, a la vanguardia de lo que en artes plásticas se puede ver en el mundo, tuviera la continuidad urbana y mantuviera el entorno verde, cuajado de árboles centenarios, que ya posee en este momento, estaríamos haciendo un favor a la ciudad.
